Capital caribeña de los cruceros y meca mundial de la salsa y del ron, Puerto Rico se propone al visitante como una deliciosa síntesis de los paraísos tropicales que conforman las islas del Mar Caribe.
Por Vicente Ochoa Leyzaola
Playas de arena blanca y suave con aguas verde esmeralda o azul turquesa, vegetación exuberante, sol a raudales, arquitectura colonial y fortalezas de la época de los piratas son tan sólo el principio de este sueño hecho realidad en las Antillas. Por otra parte, el hecho de ser un estado libre asociado de la Unión Americana le permite contar con lo mejor de la infraestructura estadounidense y un sinfín de servicios de primer mundo sin perder por ello su carácter latino, su ritmo tropical, su música afroantillana y su elegancia de antigua colonia española. Es por eso que en Puerto Rico, y sobre todo en su capital, San Juan, podemos disfrutar lo mejor de dos mundos.
El Viejo San Juan
Amerita una larga y espaciosa caminata, un paseo de observación y disfrute, sí, pero también de sentimiento y nostalgia, pues ahí se resume el carácter de la isla, con sus viejos mesoneros españoles ofreciendo aún lo mejor de la gastronomía criolla del Caribe, sus más de 800 edificaciones de la época colonial en perfecto estado de conservación y esas callecitas adoquinadas que siempre, irremediablemente, desembocan al mar, a esa bahía de San Juan por donde pasaron todos los tesoros de la Nueva España bajo la asediante mirada de los bucaneros.
El recorrido comienza, como debe de ser, en la Plaza Colón, donde una columna blanca sostiene la estatua del mítico navegante genovés. Ahí junto se ubica el Antiguo Casino de Puerto Rico (hoy sede de las recepciones oficiales del gobierno de la isla), aunque lo que más llama la atención son las fachadas de las viejas casonas, pintadas en tonos pastel, con sus magníficas balconerías de hierro forjado. Proseguimos por el Paseo de la Princesa, junto a la antigua penitenciaría que hoy, rescatada del olvido y del tiempo, alberga a las oficinas de la Compañía de Turismo. Es una calle ancha y llena de luz que remata en una hermosa fuente para no perderse de lleno en las aguas azules de la bahía. A partir de ahí, vamos bordeando la parte mejor conservada de la enorme muralla, esa que durante siglos defendió a la isla de los piratas y hoy la defiende del olvido, puesto que San Juan se ha convertido en uno de los puntos más cosmopolitas del continente, ahí donde, a principios del siglo XVI, sólo había una pequeña comunidad de soldados españoles en pacífica convivencia con los indios taínos que de antaño poblaban la región. Llegamos a la Puerta de San Juan y hacemos un ingreso casi ceremonial a la parte más vieja de la ciudad, justo en el punto en que eran recibidos los gobernadores coloniales. A unos pasos se ubica La Rogativa, un conjunto escultórico de impecable factura y profundo significado, pues recuerda la fuerza y la unión de las mujeres piadosas de San Juan ante la inminencia de un ataque pirata.
El Castillo de San Felipe del Morro
Al final de esa vía encontramos la enorme explanada de pasto que antecede al Castillo de San Felipe del Morro, una de las fortalezas mejor conservadas de la época colonial, aunque con el tiempo y los distintos gobiernos de la isla ha sufrido varias modificaciones. Hoy es uno de los puntos turísticos de mayor atractivo y no sólo nos cuenta cómo era la vida de una ciudad amurallada, sino que nos permite algunas de las mejores panorámicas de la bahía. Salimos de la fortaleza, pasamos junto al cementerio y nos encontramos de nuevo con la luminosidad del Viejo San Juan, patrimonio cultural de la humanidad y fiel reflejo de la historia del encuentro de dos mundos, sobre todo en el Museo de las Américas, inaugurado durante las celebraciones por el quinto centenario del descubrimiento de nuestro continente. Más adelante, luego de pasar por un monumento totémico, llegamos a la Plaza Ponce de León, con un monumento a ese primer gobernante español y, a unos pasos, el Museo Pablo Casals, recinto que guarda la memoria, los sonidos y la dulzura del gran violoncelista que pasó en Puerto Rico los últimos 17 años de su vida. Enfilamos entonces por la calle Cristo, una de las más concurridas debido a que ahí se encuentran la Catedral de San Juan, un enorme convento hoy transformado en hotel y algunas de las tiendas más exclusivas de la ciudad, puesto que San Juan es también un paraíso para los compradores y ofrece una fina selección de mercaderías provenientes de todo el mundo, destacando la ropa de firma, las especias, los perfumes, las joyas y los relojes, todo libre de impuestos y esperando a los miles de turistas que cada año visitan Puerto Rico, especialmente los fines de semana, cuando bajan los pasajeros de los cruceros para invadir las calles y los comercios. Al final de la calle se ubican la Capilla del Cristo y el Parque de las Palomas, dos puntos que no hay que perderse. Pasamos por la Plaza Principal, frente a la Alcaldía, y luego nos perdemos en ese laberinto de callecitas donde siempre podemos admirar una fachada fuera de serie, encontrar alguna tienda de curiosidades o, simplemente, sentir ese ambiente de San Juan que, de alguna manera, aglutina lo viejo con lo nuevo, el cosmopolitismo con el sabor local, el carácter del Caribe con el estilo de los Estados Unidos, en una sucesión interminable de sorpresas, aromas, sabores y colores que nos invitan a regresar una y otra vez. Otros puntos interesantes del Viejo San Juan son el Fuerte de San Cristóbal, de 1634; La Fortaleza, de 1544, hoy residencia del gobernador de la isla; la Casa Blanca, que fuera residencia de Juan Ponce de León y hoy alberga los museos Casa Blanca (que ilustra la vida de una familia prominente de San Juan en los siglos XVI a XVIII, y el Museo Etnohistórico del Indio Taíno.
El Nuevo San Juan
Pasar del Viejo San Juan al Nuevo San Juan es como atravesar el túnel del tiempo para encontrarnos de lleno con el paisaje urbano del siglo XX. Espacios abiertos, lagos, profusa vegetación y la mejor infraestructura hotelera a la orilla de la playa, sobre todo en las zonas de Condado e Isla Verde, donde se ubican los hoteles y casinos que atraen como imán a miles de turistas de todo el mundo, un territorio donde los días pasan lentamente entre soleadas playas y refrescantes piscinas, mientras que las noches suelen ser vertiginosas y se van desmenuzando en la febril hipnosis de las mesas de ruleta y black jack, el tintineo casi mágico de las máquinas tragamonedas o los mejores shows de cantantes latinos, donde Marco Antonio Muñiz sigue siendo el rey. Por cierto, no hay que perderse una visita al bar del Caribe Hilton, donde hace más de 30 años se inventó la piña colada. Para salir un poco de esa rutina, bien vale la pena un pequeño recorrido por el barrio de Santurce, con su arquitectura afrancesada de fines del siglo XIX, su edificio de correos en estilo art decó y el magnífico Museo de Arte de San Juan.
Las playas de Puerto Rico
Ahí mismo, en el Nuevo San Juan, encontramos la playa de Isla Verde, que es parte del programa Bandera Azul, lo que garantiza la calidad del agua y las facilidades. En cambio, la parte norte de la isla nos consiente con playas como Seven Seas, perfecta para snorquelear por sus arrecifes y peces tropicales, y Playa Luquillo (también Bandera Azul), muy atractiva por su ambiente, música, puestos de comida criolla y piña colada. Entre las playas del Oeste encontramos sitios más vírgenes y naturales, como Boquerón, El Combate, Buyé y Joyuda, ésta última conocida como “la milla del buen comer” debido a sus deliciosos platillos de pescados y mariscos. Al sur de la isla nos esperan Caña Gorda y La Parguera, excelentes para bucear y disfrutar parajes tranquilos.
ACERCA DE PUERTO RICO
Capital: San Juan
Segunda ciudad importante: Ponce
Moneda: Dólar estadounidense
Idioma: Español e inglés
Visa: Los mexicanos necesitamos la visa norteamericana.
Info
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