Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara
Laura Gutiérrez | OC
El arzobispo de Guadalajara, cardenal don Juan Sandoval Iñiguez, recuerda que la Cuaresma es tiempo de reflexión.
La Cuaresma es para prepararse espiritualmente, interiormente a los Grandes Misterios de nuestra Redención, que son la muerte y resurrección del Señor, que se celebran en semanas Santa y Pascua.
–¿Por qué se ha distorsionado tanto el sentido de la Cuaresma?
–Se ha distorsionado mucho el sentido de la Cuaresma porque es más fácil de cuesta abajo que de cuesta arriba. La naturaleza humana tiende siempre ha degradarse, a ir a lo más cómodo. Si hay, por ejemplo, abstinencia, se suple con un banquete de mariscos y si hay que prepararse para la Cuaresma está el Carnaval y lo celebran con muchos vicios y diversión, por los mismos que no guardan la Cuaresma.
Si se trata de Semana Santa, en lugar de participar en los Oficios Divinos de los Grandes Misterios, se van de vacaciones.
¿Para qué es la Cuaresma? Es en primer lugar un tiempo especial para imitar a Cristo, que nos dio ejemplo de ayuno y oración pasando 40 días en el desierto, al principio de la vida pública.
La Cuaresma además es un tiempo para prepararse espiritualmente, interiormente a los Grandes Misterios de nuestra Redención, que son la muerte y resurrección del Señor, que se celebran en semanas Santa y Pascua. Se prepara uno con la oración para pedir a Dios el don de la conversión, enderezando la vida, modificando las conductas y criterios, con la mortificación para dominar las pasiones y con los actos de caridad, ayudando a los que no tienen.
–¿Qué pasa si se come carne cuando es abstinencia?
–El ayuno y la abstinencia son preceptos de la Iglesia y, por lo tanto, caben allí sus excepciones.
La abstinencia por supuesto tiene su valor de sacrificio y hay que hacer todo lo posible por guardarla, pero puede haber sus excepciones, por ejemplo, el pobre que ese día tiene carne en casa y no tiene más para comer, puede comerse a carne; el enfermo que por prescripción médica necesita comer un poco de pollo, pues que se lo coma; el que se va de viaje y no se encuentra más, que coma algo de carne.
En estos casos pide la Iglesia que se compense la falta de abstinencia, con la oración, pero una oración seria o una limosna significativa, que se de al pobre necesitado, para compensar no haber guardado la abstinencia.
Pero si no se guarda la abstinencia solamente porque no se quiera, es que la fe no anda fuerte, la obediencia a la Iglesia no es notable y falta el sentido de penitencia y mortificación en ese que se llama cristiano.
–¿Cómo nos debemos preparar para este tiempo?
–Ya dije en la primera respuesta cuál es el sentido de la Cuaresma: es imitar a Cristo en su ayuno en el desierto, es prepararse espiritualmente para los grandes misterios de muerte y Resurrección de Cristo, es mortificar las pasiones y convertirse y cosas parecidas.
Quiero insistir en dos cosas: primero en convertirnos al Señor. ¿Qué significa? Cambiar la manera de pensar, los criterios, la conversión sin el cambio interior no se da o no dura, es fingimiento, hay que cambiar los criterios profundos para mirar el Evangelio, mirar a Cristo y obrar según El.
En segundo lugar para convertirnos necesitamos conocer al Señor, sus ejemplos y enseñanzas y eso se logra leyendo la Palabra de Dios, asistiendo a Ejercicios Espirituales y haciendo oración, porque sin ésta no hay conversión.
Al fin y al cabo la conversión y todo lo demás que viene después, como la santificación de la vida y salvación son dones del Señor. Escribió el Profeta: «Conviértenos Señor y nos convertiremos». Pedirle al Señor que nos convierta, pues sólo Él puede hacerlo.
Es así como debemos vivir la Cuaresma.