MEJOR HUMOR QUE RUMOR
Gregorio González Cabral
A colgar los calzones al sol

Gregorio González Cabral

Periodista

«Óscar García Manzano y Pérez Taylor Márquez y Anexos», o algo por estilo, se negaba a proporcionar información a las víctimas. Es decir a quienes por meses y años han aportado a Pensiones del Estado de Jalisco.
Los datos que le pedían no eran sobre su marca personal de cognac o sobre el exitoso negocio suyo, de plato y copa, que abrió y cerró en Las Nueve Esquinas, cansado por supuesto, de hacer tanto dinero.

Nada de eso. Los sencillos paganos sólo le solicitaban los recibos del dinero de Pensiones de Jalisco, los millones y millones que metieron a un negocio privado en la Costa... las cantidades, las garantías, los permisos de las autoridades ambientales para desalojar a las tortuguitas.
En fin, toda la información que suele recibir cualquier ingenuo y humilde mortal, cuando lo embarcan en algún fabuloso negocio «tan seguro, como apostarle a las Chivas el sábado pasado».
O sea que la chusma se atrevió a pedirle peras a García Manzano. Digo, ya no hay respeto. Aparte de igualados, exigentes. Por supuesto que García Manzano les había dicho que no, no, y mil veces no.
Y que no lo interrumpan mientras está dedicado a lo que sabe: a hacer dinero. Sobre todo, luego de que les da oportunidad de meter sus humildes pesos en negocio «mediano». Porque tampoco les está invitando a comprar la Estatua de la Libertad.
Digo, sin el menor respeto a García Manzano y Pérez Taylor Márquez... los medios pelos del Instituto de Transparencia, van a someter al pequeño Rockefeller a la humillación de lavar la ropa fuera de casa.
Deberá mostrar, a cuanto burócrata lo pida, dónde andan sus centavos, cómo va la tonada de ese negocio, las autorizaciones, las compras, las ventas; o sea, como accionistas poquiteros le exigirán sin necesidad de asamblea.
¡Qué humillación! ¡Qué bochorno! ¡Cuánta vulgaridad!

Ya no hay respeto. Menos gratitud a quien, en lugar de estar haciendo dinero y más dinero, para bañarse en él como Rico McPato, anda perdiendo el tiempo, tratando de enseñar a la chusma el juego de la bolsa y más allá.
¡Qué vergüenza ordenarle que lo enseñe todo!
Por eso se quedan en el gobierno sin gente de dinero  y entonces político que llega, político que tiene que dedicarse a hacerlo a montones.
Si no aprenden a respetar a los ricos, si los hacen llorar, pues aguanten comaladas de nuevos ricos cada sexenio.
Ahora falta saber si sus socios en el negocio están de acuerdo en que se lleven a lavar la ropa al río y a tenderla a la orilla del camino, donde todos le revisen blancuras, percudidos y flameados.
¡Qué bochorno para un Pérez Taylor Márquez!

Escriban a: gregorio.g.cabral@gmail.com

 


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