>Itinerario Político<
 
Luego de 40 años

Ricardo
Alemán

Analista Político

Apenas transcurrido el emblemático 2 de octubre -que recuerda la irreverencia juvenil de los años 60-, pareciera que cuatro décadas después del memorable 1968 no hubiera pasado nada. Un joven le grita «espurio» al Presidente, luego de recibir el Premio de la Juventud y de negarle el saludo. Otro interroga a Felipe Calderón sobre las libertades que pregona, como si se viviera una dictadura.
En el Zócalo capitalino, el GDF captura a un grupo de vándalos juveniles que pelearon con la policía, asaltaron comercios y mancharon la celebración del 2 de octubre. Según videos, son porros a sueldo. Y un par de ladrones jóvenes son capturados por la policía, dentro de una bóveda que robaban y que por accidente se cerró. Los cuatro ejemplos -más allá de la consabida carga mediática de cada uno de los casos, y que brinda los cinco segundos de fama a cada cual- dejan ver que, según la óptica juvenil, la realidad de hoy no está lejos de la realidad de hace cuatro décadas. Más que sorpresa, curiosidad, noticia o mero espectáculo, el que un joven grite «espurio» al Presidente debía ser visto como una expresión natural, incluso saludable en alguien de la edad y el talento de Andrés Gómez.
La irreverencia, la escasa sensatez, el arrojo y la temeridad son parte natural de las mocedades y debían ser vistas como eso, como una expresión juvenil natural empezando por el presidente Calderón y pasando por las voces timoratas que se escandalizan porque un joven le grita «espurio » al Presidente.
Lo que debe preocupar al gobierno, a los partidos y, sobre todo, a los competidores en las elecciones de julio de 2009 es que el engaño colectivo del supuesto fraude -sembrado para justificar una derrota dolorosa para millones de seguidores- sigue vivo en amplios sectores sociales, en muchos jóvenes, que lo han transformado en religión.
El odio sembrado, la polarización, el resentimiento por una derrota explicada no por los errores propios ni por los desaciertos y el liderazgo autoritario y la soberbia mesiánica, sino por el supuesto fraude, parece que se convirtió en faro que marca el rumbo de sectores amplios para los que no existe argumento que valga, sino que sólo vale su convicción personalísima de que Calderón no pudo haber ganado por otra vía que no fuera la del fraude.
Y por eso es un presidente espurio. Y justo durante una de las manifestaciones para conmemorar el 40 aniversario del 2 de octubre de 1968 -y para recordar a los caídos-, apareció una expresión que pretendió mostrarse como espontánea y producto del hartazgo juvenil. Un grupo bien identificado, liderado - entre otros- por Didier Salgado, agredió a la policía, a otros manifestantes y causó destrozos y robos a comercios del Centro Histórico.
Al parecer el GDF sabía de la existencia de esos porros a sueldo, y por ello diseñó un operativo policiaco para detener a los responsables, a quienes se identificó mediante una bien diseñada estrategia mediática para filmar lo que ocurría al paso de la manifestación.
Se descubrió que los provocadores no eran un grupo espontáneo de jóvenes en protesta, sino verdaderos porros a sueldo, que se movían con una logística ya prevista, que luego de las agresiones se concentraron en lugares determinados, donde se mudaron de ropa y hasta se pintaron el pelo, para luego pasar inadvertidos entre la manifestación.
¿Quién paga a esos provocadores? ¿Para qué? ¿Quién está detrás? Queda claro que existen grupos de poder a los que importa hacer creer a la sociedad que entre sectores juveniles hay inconformidad y un germen de violencia.







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