Juan
Sandoval
íñiguez
Arzobispo de Guadalajara
Laura Gutiérrez | OC
El Arzobispo de Guadalajara, cardenal don Juan Sandoval íñiguez, aseguró que la Iglesia Católica procurará cumplir con la parte que le corresponde dentro del Acuerdo por la Seguridad de Jalisco.
«Tenemos que formar la conciencia de los creyentes, animarlos a hacer la denuncia anónima, que lo tomen como un deber, que no sean comodinos y demasiado temerosos, que no digan: "No es asunto mío", porque este sí es asunto de todos», dijo en su colaboración semanal.
El Gobierno del Estado acaba de establecer un acuerdo de 49 compromisos por la seguridad, la justicia y la legalidad en el combate a la delincuencia, ¿cree que es la mejor opción para mejorar y contar con una mayor calidad de vida todos los habitantes de este estado?
-El acuerdo de las autoridades del Estado de Jalisco, siguiendo el acuerdo nacional, es bueno. Involucra a los tres poderes del Estado y también a la sociedad, para que unidos combatan el crimen organizado.
«Es un acuerdo que tiene propuestas de reforma y corrección de las leyes y también del actuar de los implicados en ello: los jueces, el ministerio público y los mismos policías».
«También propone corregir las deficiencias y anomalías, muy frecuentes en el aparato de seguridad del Estado».
«Pero una cosa es el acuerdo que ya está escrito y está muy bien hecho en general y, otra cosa es llevarlo a la práctica. Son demasiadas cosas las que se proponen y pienso que es muy necesario jerarquizar las urgencias y prioridades y comenzar por lo más importante».
Entre otras cosas, se trabajará en reformas en materia de justicia y seguridad pública, así como la creación de un Consejo General del Poder Judicial, la propia Ciudad Judicial e implementación de juicios orales, desde su punto de vista, ¿qué es lo más importante, por lo que tienen que comenzar?
-No me siento capacitado para hacer esta jerarquización de urgencias, es muy difícil decirlo, que lo hagan los mismos que firmaron el acuerdo; pero opinando, me parece que lo que más salta a la vista es la policía, hay que empezar inmediatamente a formar policías, como está allí propuesto; pagarles sueldos decentes y dotarlos de las armas necesarias, porque todo eso está muy descuidado.
«Es muy urgente depurar los cuerpos policíacos y también a los jueces, porque sin duda entre ellos hay varios comprometidos con el ilícito, con el narcotráfico».
«Los juicios orales me parece muy bueno que se implementen y también la construcción de la Ciudad Judicial y otras cosas, a su debido tiempo».
¿Qué tan necesario es fomentar la denuncia ciudadana para el combate a la inseguridad?
-Es muy importante la colaboración de la sociedad en esta lucha contra el crimen organizado y dentro de esa cooperación, un rubro vital es la denuncia, la cual siempre debe ser anónima, no sólo por temor a las represalias de los narcotraficantes, sino también de los mismos empleados –por ejemplo- de la Procuraduría o de los policías, ya que muchos de ellos seguramente están implicados con el narcotráfico, «están la nómina», reciben sus estipendios mensuales de parte de los delincuentes y ellos pueden, si vieran la denuncia, dañar al que la hace, por lo tanto tiene que ser cien por ciento anónima, sin nombre del denunciante y sin su número telefónico, porque de otra manera van tras el denunciante.
«Pero el que haga la denuncia tiene que ser muy consciente, que no empiecen con bromas, la cosa es seria. Hay gente muy ligera de cascos que no piensa y se pone a bromear con cosas tan importantes como es la seguridad y a dar pitazos de alarma que resultan falsos; eso tiene que desaparecer y yo diría que a quien sorprendan en estas bromas, le den un castigo ejemplar».
«Ya dije que la denuncia tiene que ser anónima, pero los datos que ofrezca el denunciante tienen que ser ciertos y concretos a cerca de las maniobras de los delincuentes, para que la policía tenga pistas seguras».
Existen compromisos que corresponden a la Iglesia, ¿cómo se van a cumplir?
-Toca a la Iglesia la parte moral en esta lucha; ir al interior de las personas, a su conciencia y allí urgirles la honradez y la rectitud de vida. Tenemos que formar la conciencia de los creyentes, animarlos a hacer la denuncia anónima, que lo tomen como un deber, que no sean comodinos y demasiado temerosos, que no digan: "No es asunto mío", porque este sí es asunto de todos.
«También nos corresponde insistir ante la familia en la educación de los hijos, para que los cuiden, para que les impidan andar por esos caminos del uso de drogas o de enrolarse en comisiones que les puedan dar los narcotraficantes y en general, al pueblo de Dios exhortarlo a la honestidad, a la honradez y a la esperanza. No podemos perder esta lucha, el país no puede caer en la barbarie, tenemos que contar con instituciones firmes y un gobierno que proteja y cuide a la sociedad. A las asociaciones religiosas nos toca cumplir con el papel de exhortar y formar las conciencias».