Conrado
Vázquez
Martínez
Editor
Estuvimos anteayer en el pueblo de Temacapulín y constatamos tres cuestiones fundamentales: qué Temaca –como lo conocen los lugareños- no es un pueblo en el abandono, todo lo contrario; que sus habitantes están dispuestos a llegar hasta el extremo que sea necesario para salvar su tierra, y que los operadores del Cea y de una constructora emprendieron una estrategia de implosión para adquirir los predios que inundaría el mencionado vaso. Estos negociadores pretenden primero, poco a poco, adquirir los terrenos alrededor de Temacapulín y al final esperan que el pueblo caiga en sus manos como fruta madura, no sin antes difundir con insistencias que ya compraron las más de 4 mil hectáreas que van a inundar sólo en esa zona, y presentando muy contentas en los medios a las decenas de personas que ya les vendieron sus tierras, como método de disuasión para el resto de afectados.
Campaña. Enmedio de la guerra mediática los ejecutantes de la estrategia del Cea y otras personas que los temacapulinenses identifican como personal de la compañía constructora de la presa, acuden con los dueños de predios rústicos espetándoles éste argumento. Nosotros somos expertos en hacer presas, les hemos hecho ya en muchos lugares de México y estamos acostumbrados a enfrentar a los opositores de estas obras, les dicen.
Luego afirman tajantes que esta presa de todas maneras se va a hacer, que ya está tomada la decisión en los más altos niveles federales y estatales, a ustedes no les queda más que o vendernos, les explican, pagándoles nosotros buenos precios por sus terrenos, o esperarse a que llegue el decreto expropiatorio y recibir a cambio un precio a tasa de catastro –el mínimo-.
Argumentos. Nuestros pragmáticos paisanos alteños, firmes primero en su posición de no ceder ni un centímetro de la tierra que los vio nacer a ellos y a sus padres, empiezan a cavilar en que la argumentación que les hicieron los desagradables visitantes lleva un tinte de amenaza velada, y concluyen algunos: si de todos modos harán la presa lo que más me conviene es negociar de la manera más ventajosa.
Uno por uno, los negociadores ya casi visitaron a todos los propietarios de los predios rústicos y ya crearon un ambiente tenso, sembrando la duda en más de alguno de los otrora firmes opositores.
De esto nada está escrito, nadie ha firmado nada, pero los dardos ya fueron lanzados por los operadores del Ceas y más de uno hizo blanco entre los dueños de predios rústicos, quienes saben que llegado el momento tienen el recurso del amparo, aunque los hacen dudar de este los argumentos veladamente intimidatorios de los negociadores.
Firmes. Los habitantes de Temacapulín no dudan, allí todos sin excepción asumen una postura defensiva de su amado pueblo al que comparan con la gloria o con un paraíso terrenal, y en mucho tienen razón.
Pero en medio de las posiciones extremas y hasta beligerantes, en algunos casos, todos abrigan la esperanza de que aquí en Temaca el amor por su tierra y su intenso activismo obligue a los gobiernos de Jalisco y Guanajuato a llegar a una mesa de negociación donde consigan que ocurra «lo que pasó en Valle de Guadalupe, donde la gente logró salvar a este pueblo, convenciendo a las autoridades a disminuir la altura de la cortina de la presa», que en el caso de El Zapotillo está proyectado que sea de 105 metros.
Bajar la altura de la cortina implicaría un almacenamiento menor a los 504 millones de metros cúbicos del agua que esperan ansiosamente los guanajuatenses, pero aquí hay una puerta abierta nada despreciable para la negociación. Esto debería tomarlo en cuenta la gente del Cea, allá en las oficinas que tienen montadas en Yahualica para operar desde allí la adquisición de los terrenos, y palpar el clima social que impera entre quienes van a resultar afectados.
Una cosa debe quedarles claro a estos estrategas y operadores, el pueblo de Temaca y sus hijos ausentes, cientos o quizás miles avecindados en Monterrey y en varias ciudades de los Estados Unidos, no van a ceder en la defensa de su pueblo. Se trata de alteños de pura cepa, gente laboriosa pero decidida, que, además, se ha informado del asunto que los gobiernos de Jalisco y Guanajuato se traen entre manos.
Saben que en esto el mayor beneficiario va a ser Guanajuato, que recibiría 3.8 metros cúbicos por segundo de agua del Zapotillo para 1 millón 95 mil usuarios, en tanto que a Jalisco sólo le tocarían 1.8 metros cúbicos por segundo para 316 mil personas.
También han sido informados de la existencia de otras opciones que evitarían la inundación de su pueblo. Toda esta información la recibieron de gente del MAPDER (Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos) que realizó un congreso en Temacapulín del 19 al 21 de junio, al que acudieron cuando menos 300 delegados, entre otros, los macheteros de Atenco, gente de Chiapas, de Veracruz, de Oaxaca y de la UNAM, activistas políticos todos ellos que pronto tendrán una reunión similar en Colombia. Organismos como éste y otros más que se han acercado a los temacapulineses planean subir el caso jalisciense a la agenda política continental, politizándolo peligrosamente si no se llega a una negociación que satisfaga a los inconformes.